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.. y mis pasos tratando de no despertar la ciudad. La relatividad hace que, probablemente, en algún lugar de la ciudad, alguien esté preparándose para dormir. Mientras yo me preparo para despertar. La ciudad no acaba de desperezarse, la luces aún guarecen a los seres de la noche, y yo, no sé en esto momentos a qué mundo pertenezco.

La poeta de hoy se llama Marosa di Giorgio. Es una poeta uruguaya nacida en Salto en 1934. Poeta de ascendencia itailiana y vasca, se instaló en Montevideo y allí piblicó su primer poemario: POEMAS. Desde entonces ha publicado varios poemarios. Y ha recibido varios premios. Sus poemas se pueden leer en varios idiomas. Su segundo apellido me ha llamado la atención: Medici.

 
 
De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar… 

De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar
arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;
después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
“Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas…”.
Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía
calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance
de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó
la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,

el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,
arriba de las calas.
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