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…y días sin Matisse. Parece que estoy perdiendo el norte y el sur. Y sí que siento el vacío dejado por el calendario que no está. Siguen poniendo ventanas. Estoy pensando en que no sé si cuando acaben volver a poner el calendario… o dejarlo en vacío. Al fin y al cabo, el tiempo corre igual, con o sin vacío.

Jorge Luis Borges fue un escritor del siglo pasado, del XX, argentino. Escribía muy bien. No sé si como  persona fue tan grande como creador, dicen que el desequilibrio entre ambas facetas era evidente. Yo no le conocí, y no me causa ninguna curiosidad. Debe de ser mi falta de mitomanía.

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

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