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…las gaviotas se acercan a la terraza a ver si sigo aquí. Ya se han comido una naranja, supongo que la que queda en el árbol también se la comerán. No voy a reprocharles nada. El hambre es así.
La poeta de hoy es vasca, se llama Miren Agur Meabe, y nació en Lekeitio en el siglo pasado. Bueno, como casi todas las personas que están en este chat. Tiene varios poemarios publicados, bueno, poemarios y novelas. Algún premio EUSKADI también, y sus trabajos han sido traducidos a varios idiomas, y publicados en varias antologías.Por ejemplo, en una publicada por la editorial española Bartleby. Alli, en una edición  bilingüe, me he encontrado este poema.

UN RECUERDO

Nos decían que tuviésemos cuidado, que al menor descuido

los hombres nos harían cosas malas.

Esa expresión llevaba en su sonido el agua de las  alcantarillas,

algo sucio,

y oscuro,

como los senderos del bosque.

Sin embargo,

la dejábamos posarse en nuestras bocas para sentir la viscosidad

de lo desconocido.

En los portales, tendidas bajo débiles bombillas,

nos traspasaba las nalgas la dureza fría de las losas,

y apretábamos las piernas una contra otra para descubrir el brillo de la perla rosada.

Nos exáminabamos las lapas de los pechos.

Chupábamos cucharillas.

A continuación, nos ajustábamos los calcetines blancos

y corríamos de calle en calle con la cartera de la escuela en volandas.

Nuestras rodillas eran palomas confiadas; los lazos del pelo,

señuelos deseosos.

Y no decíamos ni palabra. dejábamos que los días pasaran tan solo,

y nos llegase la edad de dejarnos tocar.

OROITZAPEN BAT

Kontuz ibiltzeko esaten ziguten,

pittin bat deskuidatu orduko gizonek gauza txarrak egingo zizkigutela.

Esakune horrek estoldeta ura zekarren bere hotsetan,

zikina zen zerbait,

eta iluna,

basoko bidezidorrak bezalakoa.

Hala ere,

gure ahoetan pausatzen uzten genion,

arroztasunaren likistasuna sentitzeko.

Atarietan,

bonbilla mengelen azpian etzanda,

ipurmamiak zeharkatzen zizkigun harlauzen gogortasun hotzak,

eta hankak estutzen genituen bata bestearen kontra,

perla arrosaren distira aurkitzeko.

paparreko lapak aztertzen genituen.

Koilaratxoak miazkatzen.

Jarraian, galtzerdi zuriak altxatu

eta arineketan abiatzen ginen kalez kale,

eskolako liburu-zorroa airean.

Gure belaunak uso fidaberak ziren;

ileko txoriak,

amu desiraz beteak.

Eta ez genuen txintik esaten. Egunei joaten uzten genien,

besterik ez,

etor zekigun adina inori gu ukitzen uztekoa.

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