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…ya sé que a veces parece que no. Pero miro a la realidad y no puedo dejar de pensar que ni una sola de las series o películas tan extrañas, tan utópicas, tan imposibles que veo superarían jamás la realidad que nos vive. O que algunos días, nos sobrevive.

Los más exquisitos dirán que esto no es un poema, que es un cuento breve. Yo cada día huyo más de las etiquetas y de los géneros. Y además me da igual que las reglas literarias digan que este texto no es un poema. Para mi lo es. Así que, el poema de hoy es de un escritor ruso llamado Daniil Kharms. Sus textos, siempre absurdos, con mucho humor negro, no gustaban al poder. Al poder no le gusta nunca nada que no sea que le coman… bueno, que me pongo soez. Total que el pobre Daniil Khams vivió la cárcel, el desprestigio, el manicomio y la muerte. Nació en 1909 en St Petesburg. Le calificaron como “raro”. Fue colega de Maiakovski y de Malevich! (si, el del cuadro negro). En aquel manicomio al que condenaron lo mataron de hambre, y murió a los 37 años.

Ancianas que caen

 

Debido a su excesiva curiosidad, una anciana cayó de su ventana y se estrelló contra el suelo.

Otra anciana se acercó a su ventana y miró a la que se había estrellado, pero debido a su excesiva curiosidad también se cayó y quedó estampada sobre el suelo.

Fue entonces que una tercera anciana cayó de su ventana; y luego una cuarta; y después, una quinta.

Cuando la sexta anciana cayó de su ventana yo me aburrí de haber estado viéndolas y me fui al Mercado Maltsev donde dije: “¿Hay alguien que le regale un mantón a este pobre ciego?”

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