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…se va la primavera. Y solo quiero hacer una fiesta para despedir a la primavera que solo ha dejado una cosa buena: un olor a azahar que por un momento paró la vida.

Me encontré parte de un poema de la escritora Sharon Olds que me fascinó… este:
Cuando alguien se fuga,
mi corazón salta. Incluso cuando huyo de mí misma,
la mitad de mí está con quien se marcha
Luego pensé que seguramente era parte de un poema más largo, y lo encontré… (aunque me quedo con el primer extracto)…

El salto del ciervo

 

En ese instante

la ilustración en la etiqueta de nuestro tinto preferido

se asemeja a mi esposo, lanzándose hacia el precipicio

en su fervor por liberarse de mí.

Su piel es áspera y cómoda; su rostro

plácido, en trance, rumiante;

cada miembro de la fúrcula llega hasta sus ancas,

cada púa se extiende derecha, hacia arriba;

las ramas, modelos de su cerebro, arcaico,

indomable. Alinea su osamenta al alzar vuelo

desde la orilla del precipicio,

fabuloso.  Cuando alguien se fuga,

mi corazón salta. Incluso cuando huyo de mí misma,

la mitad de mí está con quien se marcha.

Todo es callado, vacío cuando él se va.

Me siento un paisaje, una tierra sin forma.

Sauve qui peut  —deja que se salven los que puedan.

Una vez vi un grabado en las astas de un gamo

donde alguien pequeño era crucificado.

Me siento su víctima, él parece la mía.

Me preocupa que las alargadas piernas del ciervo

se tuerzan al lanzarse. Oh mi pareja.

Fui ilusa de su fidelidad, como si fuera un halago

más que un estado parcial de sueño.

Y cuando escribí sobre él ¿Sintió que debía caminar

con mis libros apilados sobre su cabeza

para mejorar su postura, o con un marco de cuernos

como esos colgado frente al cazador

que se baja un trozo de carne de venado con sauvignon?

¡Oh salta, salta! ¡Cuidado con las rocas!

¿Acaso el antiguo voto debe desearle felicidad

en su nueva vida, incluso gozo sexual?

Temo que sí, al inicio,

cuando aun no pueda diferenciarnos.

Bajo su velludo vientre, a lo lejos,

se observan las motas alineadas del viñedo,

sus vides sin reventar, sus raíces limpias,

sus botellas crecen en los extremos de sus cerbatanas

tal oscuros, frescos, vacilantes gemidos.

 

Trad. Alain Pallais

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